No soy del tipo de los que dan afecto

Si las siguientes frases te resuenan o de alguna manera te hacen eco, esta lectura es para ti. ¿Por qué te cuesta tanto trabajo ser cariñoso? ¿Por qué eres tan seco? ¿Por qué no te enseñaron a querer?

Si contestas o asientes a las frases anteriores, realmente no es que no te importe o que te valgan. ¿Sabes que sientes cariño y amor por la otra persona, aunque las demostraciones no están cumpliendo las expectativas de tu pareja? Bueno pues llegaste al lugar correcto.

Ser pareja, ser padre, ser esposa, ser hijo; son estados que demandan mucho cariño por parte las demás personas. Si eres de los que pasas todo el día en el trabajo, platicando con gente, haciendo tarea con tus hijos; ¿realmente crees que al final del día vas a querer mostrar afecto? Lo único que vas a querer es descansar y estar en silencio.  

Es preciso saber y reconocer que nos encontramos ante un estado temporal de nuestra forma de ser, aunque no podemos perder de vista que hay una serie de elementos que contribuyen para que las muestras de afecto se nos dificulten o simplemente no se nos den. Nuestra infancia, nuestra crianza, la relación que tuvimos con nuestros padres y por supuesto nuestra personalidad, son factores que influyen en nuestra etapa adulta al momento de demostrar cariño.

Cabe destacar que pese a toda esta influencia que recibimos cuando éramos niños por parte de nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hermanos y nuestros amigos; estos no definen el destino de nuestras relaciones. Siempre existe la posibilidad de conocernos, reflexionar y comenzar a hacer las cosas de manera diferente. Si bien no sabemos cómo, nos damos cuenta de que hay otras formas de hacerlo y es justo ahí donde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Una persona aprende a manejar, a esquiar, a montar un caballo… entonces hay esperanza. Se pueden modificar los comportamientos. Que no te quepa duda.  

Aquí te dejamos algunas acciones que puedes llevar a cabo para empezar a adquirir esta habilidad: 

  1. Empieza con las palabras, provoca una charla. Utiliza el factor sorpresa.

Es una excelente forma de comenzar, abre tu corazón, habla con la verdad y explícale a tu pareja tu sentir. Explícale que la amas de todas las maneras que tu emocionalidad conoce, explica que tu crianza y tu niñez estuvo carente de muestras de afecto y que creciste en un ámbito donde ese tipo de muestras no eran comunes. Tu pareja valorará que hay un reconocimiento y aceptación de la verdad, te ayudará a ir resolviendo esta carencia de manera conjunta.

  1. Trabajen juntos, como un equipo, como un engrane.

Una vez que se acepta el problema, que se reconoce; se avanza el 50% del problema. Es el paso primordial para avanzar. Claramente las palabras fluyen menos, entonces utiliza la escritura como una forma personal, íntima; una forma de poner aquello que quieres manifestar o decir a tu pareja. Establezcan las reglas, empiecen con dos o tres cosas, y vayan incrementando el número de peticiones conforme fluya este ejercicio de mejor manera. Después platíquenla de un ambiente tranquilo, a solas y mostrando apertura para escuchar lo que tu pareja tiene que decir.

El lenguaje tiene muchas formas, pueden ser gestos, miradas u otra muestra de afecto que no requiere de palabras. Haz gestos que sólo hagas con ella, que sean exclusivos para tu pareja, hazle saber que son exclusivos de él o ella.

  1. Aquí y ahora.

Es importante poner atención al momento presente, conforme transcurre el tiempo, vamos dejando el afecto a un lado. La convivencia entre una pareja es tanta, que se van dando por sentados muchos gestos, miradas, atenciones, palabras y momentos. Es preciso definir un mecanismo que les permita a los dos comunicarse de una manera espontánea y constante, deja un pizarrón en el refrigerador o en un lugar que ambos vean y escribe diariamente algo que te guste de tu pareja. Verás que te llevarás gratas sorpresas, además de que empezarás a reconocer y recordar momentos o rasgos que habías olvidado.

  1. Fluye y no tengas miedo.

No sientas que renuncias a tu forma de ser o de amar, fluye y no te resistas. Reconoce tu condición, interiorízala y fluye con ella, estar vulnerable no es malo; es un acto de entrega y amor. Te estás convirtiendo en una persona más ligera, más consciente y feliz.

  1. Persiste, persiste, persiste.

Habrá días que sientas que simplemente no puedes, no pasa nada, retoma esta práctica las veces que sean necesarias, te darás cuenta que cuando menos lo esperes, esta práctica será parte de tu vida y de tus hábitos. Tu pareja lo valorará e inmediatamente verás que la cercanía con ella cambiará como por arte de magia. Inténtalo.

No hay fórmulas, no hay un solo camino que te conduzca al destino, fluye, vive y encuentra la mejor manera para llevar una relación de pareja plena, recíproca, que los haga crecer y, por ende, feliz.

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